El sistema digestivo equino y sus particularidades | NEOSTRONG - EQUINO

El sistema digestivo equino y sus particularidades

Desde el estómago proporcionalmente más pequeño de todos los animales domésticos a un delicado microbioma intestinal, el sistema digestivo equino representa un ecosistema frágil que influye directamente al bienestar del animal

La alimentación es una pieza tan sensible como central en el mantenimiento y cuidado de la salud de los caballos que, a lo largo de la historia, ha variado dependiendo del contexto en el cual se han desarrollado. En la naturaleza, por ejemplo, estos animales recorren grandes distancias y comen frecuentemente, haciéndolo, sin embargo, en cantidades muy reducidas de plantas generalmente fáciles de digerir.

Genéticamente, esta necesidad de continuidad en la alimentación está asociada con las características del estómago del caballo: además de ser de un volumen muy reducido en proporción a su tamaño, secreta ácido clorhídrico (HCL) de manera constante, haya o no comida en el mismo.  En un caballo sano, la acidez causada por el HCL se neutraliza en parte debido a la producción de saliva, la cual es alta en bicarbonato. Por eso, una alteración en esta dieta tiene unas consecuencias inevitablemente nocivas en la salud equina.

Al introducir los caballos en un régimen de estabulación, en el que comen con mucha menos frecuencia, el animal y su alimentación pasan a depender únicamente del alimento proporcionado en cautividad, cambiando sus rutinas alimenticias y haciendo que la responsabilidad de la fragilidad de su sistema digestivo recaiga únicamente sobre aquellos encargados del animal.

Además del reto añadido de la sensibilidad de sus estómagos, los propietarios deben de tener en cuenta que una alimentación correcta está asociada a un número de factores que se van transformando con el tiempo: el nivel de actividad llevada a cabo por el animal, sus necesidades físicas, la raza, la salud bucodental, la edad e incluso el espacio físico que posee para vivir. Todos influirán en la alimentación que el animal necesita y todos deben ser tenidos en cuenta.

El desconocimiento sobre cómo aportar correctamente el alimento, tanto a nivel de nutrientes como a nivel de distribución, puede resultar en una difícil digestión por parte del caballo, convirtiéndose en un factor decisivo para la aparición problemas y trastornos secundarios. Por eso, es crucial entender las particularidades del sistema digestivo del animal y cómo pueden derivar en problemas como úlceras gástricas y cólicos.

 

 

LA FISIOLOGÍA DIGESTIVA DEL CABALLO

Como mencionábamos antes, encontramos ciertas características diferenciales en la fisiología digestiva equina que van desde el comienzo hasta el final del sistema gastrointestinal: una masticación lenta y cuidadosa de la comida suministrada, un estómago con una capacidad muy reducida que tiene que vaciarse en repetidas ocasiones a lo largo del día, y un intestino delgado donde se realiza la digestión enzimática.

Este sistema digestivo está diseñado para el consumo constante de alimentos de origen vegetal y, a diferencia de otros herbívoros, como las vacas, las ovejas y las cabras, es monogástrico en lugar de rumiante. Eso sí, a pesar de no tener el sistema de un rumiante, la estructura particular de su intestino grueso le permite utilizar la celulosa y otros sustratos fermentables de la misma forma que los rumiantes.

Está dividido, además, en dos partes diferentes: el intestino proximal y el intestino caudal. El intestino proximal, compuesto por boca, esófago, estómago e intestino delgado, es una parte similar a la de cualquier otro animal monogástrico, incluidos los humanos, y es también donde la mayoría de las proteínas, grasas, vitaminas y minerales contenidos en la alimentación se digieren y se absorben. Para que un alimento atraviese esta parte, hacen falta entre cinco minutos y dos horas.

El intestino caudal o distal es la parte del sistema que más en común tiene con el sistema digestivo de los rumiantes, formado únicamente por el intestino grueso que, a su vez, está compuesto por ciego, colon y recto. En esta parte del tracto es destacable el ciego, de un tamaño muy amplio, que sirve como un tanque de fermentación para la fibra de las plantas consumidas gracias a la acción de bacterias y protozoos.

El intestino grueso es, además, la parte más voluminosa de todo el sistema digestivo, con capacidad para aproximadamente 150 litros. El paso del alimento o a través de este segmento supone un proceso más largo que en el caso del intestino delgado: cuesta entre veintidós horas y dos días. Esta parte del tracto digestivo es la que tiene la peculiaridad de requerir un funcionamiento continuo, es decir, el ya mencionado aporte constante de alimento en pequeñas cantidades.

 

EL ESTÓMAGO DEL CABALLO

El estómago del caballo es quizá una de las partes más destacables del sistema digestivo en cuanto a su importancia y a sus particularidades. Es la parte más ácida del tracto, con un pH que oscila entre 1,5 y 2, y también es la unidad más pequeña de todas las implicadas en la digestión, con una capacidad de aproximadamente quince litros. En total, supone solamente un 10% del volumen del tracto digestivo. De hecho, el caballo tiene el estómago más pequeño en relación con el tamaño del cuerpo de todos los animales domésticos.

La válvula que da acceso al estómago del caballo, actuando como nexo entre éste y el esófago, se denomina cardias. Está formado por una serie de capas musculares con presencia de pliegues semilunares y repliegues mucosos que sólo se abren unidireccionalmente hacia el estómago. Debido a esto, los caballos no pueden regurgitar o vomitar, predisponiéndolos a una distensión gástrica y añadiendo un factor más a su sensibilidad digestiva.

El estómago está dividido en dos secciones diferentes por el margo plicatus, una cresta irregular o borde plegado que, además, es una de las regiones donde más comúnmente se desarrollan las úlceras gástricas. Por un lado, la glandular, la mayor de las dos y la encargada de producir el ácido clorhídrico y la pepsina necesarias para digerir los alimentos. Por otro, la zona no glandular, que solamente ocupa un tercio del estómago y está tapizada con mucosa escamosa, un tejido similar al del esófago.

Entre sus principales funciones, además de la producción de las sustancias necesarias para la digestión de las proteínas, encontramos la mezcla, el almacenamiento y la liberación controlada del alimento en el intestino delgado, en el que se produce gran parte de la absorción de nutrientes (este proceso apenas se da en el estómago). Ahí, se absorben la proteína, grasas, hidratos de carbono y, en el íleon, la sección final del intestino delgado, los minerales.

Estos dos órganos están conectados por el píloro, una válvula que se abre y se cierra durante la digestión y que une el estómago con el duodeno, la primera parte del intestino delgado. Es en este punto en el que comienza esa transición de funciones, ya que en el píloro apenas hay actividad de fermentación, pero empieza a darse lugar una gran actividad proteolítica.

 

MICROBIOMA INTESTINAL EQUINO

El tracto intestinal de los caballos está poblado por una diversa comunidad de microorganismos compuesta por hongos, parásitos, protozoos, arqueas, virus y bacterias, que mantienen un comportamiento simbiótico y mutualista con las células animales. Al conjunto de todos ellos se le conoce por el nombre de microbioma, y son una de las partes más importantes del proceso de la digestión de los équidos. Dentro de su tracto enteral, los caballos son capaces de albergar hasta 1015 de estas células bacterianas, la mayoría de ellas presentes en el colon y, particularmente, en la zona del ciego.

Además, son imprescindibles para el correcto funcionamiento del organismo. El microbiota proporciona una parte sustancial de las necesidades energéticas diarias de los caballos, ya que una de sus funciones es la fermentación de los componentes celulósicos y hemicelulósicos del material vegetal consumido por el animal. A través de este proceso, los transforma en ácidos grasos de cadena corta como el acetato, el propionato y el butirato, crucial para la biodisponibilidad de la energía y otras necesidades nutricionales esenciales de estos animales.

Debido a esto, un caballo necesita una población microbiana sana y equilibrada que le permita una buena digestión de la comida, así como la posterior absorción de nutrientes en la zona del intestino delgado. El problema aquí, sin embargo, es que existen muchos factores que afectan a la población microbiana del animal: desde los esfuerzos físicos por competiciones o entrenamiento y la administración de ciertos medicamentos, a una dieta desacertada y la generación de estrés, a la que son particularmente sensibles, ya sea generado por el transporte durante una competición, cambios de ubicación, etc.

Otro factor importante de alteración del microbioma, por supuesto, está relacionado con cualquier irregularidad o error en la suministración y composición de la dieta. El cuidado y atención a este tan potencialmente peligroso como necesario elemento de la vida del caballo, además de con atención, organización y dedicación, puede reforzarse a través de elementos como suplementos alimenticios. EQ Shield GUT, fabricado por Neostrong EQ, es un suplemento prebiótico y y probiótico beneficioso para promover un ambiente digestivo saludable y la absorción intestinal de los nutrientes así como la correcta función intestinal, evitando alteraciones gastrointestinales recurrentes.

Además, también se ha demostrado que existen interacciones bidireccionales entre el cerebro y el intestino, que tienen un papel importante en la modulación de las funciones gastrointestinales, como el flujo sanguíneo, la actividad inmunitaria de la mucosa y las sensaciones viscerales, incluido el dolor. Por lo tanto, el cerebro puede influir indirectamente en la microbiota mediante cambios en la secreción, motilidad y permeabilidad intestinal o bien puede influir directamente en ella por vía neuronal, mediante la liberación de sustancias por parte de células inmunitarias.

En cualquiera de los casos, si los niveles de flora óptimos descienden es posible que el animal acabe desarrollando diarreas crónicas, pierda peso o pueda incluso ser susceptible a varios tipos de cólico. Además, las alteraciones gastrointestinales de la microbiota equina pueden provocar una alteración de los patrones de fermentación y, en última instancia, trastornos metabólicos. Por todo ello, cuidar el sistema digestivo del animal es una prioridad de los veterinarios, propietarios y profesionales, los encargados de velar por una correcta nutrición de nuestro caballo, a la hora de introducir estos animales en régimen de estabulación.